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El Obelisco: los datos más curiosos del mayor emblema de Buenos Aires

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Es el mayor ícono de la Ciudad de Buenos Aires, punto de celebración de triunfos deportivos, conciertos o eventos multitudinarios, efemérides históricas y también protestas contra los gobiernos. Situado en la esquina más emblemática, visible desde distintos puntos del Microcentro, el Obelisco es desde 1936 el vigía porteño por excelencia.

Para Buenos Aires, representa lo que para París la Torre Eiffel o para Río de Janeiro el Cristo Redentor: su silueta identifica inmediatamente a la capital argentina para los extranjeros como ninguna otra. El Obelisco se construyó hace 85 años, con el objetivo de recordar el cuarto centenario de la primera fundación de Buenos Aires. Su arquitecto fue Alberto Prebisch, uno de los principales exponentes del modernismo argentino, quien también tuvo a su cargo la construcción del Teatro Gran Rex, situado a solo una cuadra.

La obra demandó casi dos meses: comenzó el 20 de marzo de 1936 y fue inaugurada el 23 de mayo de ese mismo año. Tiene una altura de 67,5 m, y para entrar, posee una sola puerta ubicada del lado oeste. En su cúspide, es posible toparse con cuatro ventanas con persianas metálicas a las que se llega por una escalera marinera de 206 escalones con 7 descansos cada 8 m, y uno a 6 m. En total, pesa 70 toneladas. Su punta es roma, mide 40 cm, y hasta la llegada de la pandemia, la Ciudad permitía a quienes lo desearan, mediante un cupo, acceder a ella, desde donde se ve el Río de la Plata y los principales edificios porteños.

El Obelisco fue emplazado en la esquina de 9 de Julio y Corrientes, el lugar donde fue izada por primera vez la bandera nacional en la actual capital del país.

Al poco tiempo de ser inaugurado, el máximo emblema de la Ciudad recibió duras críticas. Incluso, en 1939 el Concejo Deliberante había aprobado la demolición del mismo, pero pudo ser salvado por el intendente de turno, quien vetó la sanción.

Su silueta fue al mismo tiempo ámbito para visibilizar protestas, demandas o reclamos. En 1998, la fundación Greenpeace colocó un cartel. En 2005, el Obelisco fue cubierto por una tela rosa para adherir al Día Mundial de la Lucha contra el Sida. Y 10 años después, una inédita ilusión óptica del artista Leandro Erlich hizo desaparecer la punta del mismo.

En el medio, durante el 2010, se realizaron a su alrededor los históricos festejos del Bicentenario de la Revolución de Mayo, donde se hicieron presentes cuatro millones de personas. El cierre consistió en recitales masivos y celebraciones folklóricas.