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Actividad paranormal ¿La Facultad de Ingeniería está maldita?

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En todo el mundo, circulan distintas versiones y mitos acerca de la presencia de actividad paranormal en lugares emblemáticos, y nuestra Ciudad de Buenos Aires no es la excepción. Uno de sus edificios más imponentes, la Facultad de Ingeniería de la Universidad de Buenos Aires, tiene consigo una añeja historia que asegura que el lugar en el que oficia de sede está maldito.

Durante años, generaciones de estudiantes acompañaron, reforzaron o padecieron esa versión. Hablamos del edificio localizado en avenida Las Heras 2214, donde se dictan materias de distintas carreras y cursos de posgrado. Al mismo tiempo, es la sede del Museo de Ciencia y Técnica, y se realizan allí actividades de los departamentos de Estabilidad, Transporte, Hidráulica, Agrimensura, Gestión, Tecnología Industrial, Construcciones y Estructuras de la Facultad.

Lo cierto es que dicho edificio había sido pensado a comienzos del Siglo XX para que alojara la Facultad de Derecho y Ciencias Sociales. La obra estuvo a cargo del ingeniero Arturo Prins, quien aspiraba a hacer ahí el edificio de estilo neogótico más sorprendente de Buenos Aires. Para ello, tuvo sendos viajes a Europa en los que tomó inspiración de distintos edificios del estilo. La obra comenzó de acuerdo a lo planeado.

La idea de Prins era que el edificio ocupe toda la manzana sobre Las Heras. Lo cierto es que en 1925 llegaron a inaugurarse tres plantas, pese a que no estaban listas, en las que había aulas y podía trabajar la parte administrativa de la Casa de Estudios.

Hasta que en 1938, al acabar la primera etapa de la construcción, se detuvieron los trabajos.Nunca quedaron claros los motivos, y las versiones variaron: desde problemas presupuestarios hasta un error de cálculo descubierto posteriormente que hacía imposible la continuidad de la obra. Lo que se sabe es que Prins falleció en 1939, y según las malas lenguas, su deceso se debió a un suicidio por no haberse permitido tamaño error.

Poco tiempo después, una leyenda afirma que un estudiante armó una tesis dedicada a continuar el proyecto que había dejado inconcluso el famoso ingeniero. Pero no solo no lo llevó a cabo, sino que no pudo llegar a recibirse, lo que refuerza la creencia de la “maldición”. En adelante, el edificio vio restaurar sus fachadas, pero se mantiene hasta la fecha como no terminado del todo, de acuerdo al proyecto original de los años 10.

Del mismo, aún restan, más de un siglo después, terminaciones y detalles, que impiden que pueda hablarse de obra concluida.