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Cementerio de Chacarita: historia y misterios del camposanto más grande de la Ciudad

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Desde su creación, hace 150 años, el Cementerio de Chacarita es uno de los ineludibles puntos para narrar la historia de la Ciudad de Buenos Aires. Hablamos del camposanto más grande de estas latitudes, millones de porteños fueron y son enterrados allí. Y el edificio, y su contorno, conforman un emblema arquitectónico que lo hace identificable en imágenes y para cualquier persona que resida por un tiempo por estas latitudes.

Los comienzos del cementerio se remontan a 1871, cuando Buenos Aires padeció una epidemia de fiebre amarilla y se hizo necesario aumentar los camposantos para dar “cristiana sepultura” a los fallecidos. Primero se optó por dedicar cinco hectáreas de tierra para los entierros, pero el desborde provocó su rápida clausura. De manera que en 1887 las inhumaciones de los porteños se comenzaron a realizar en el llamado Chacarita la Nueva. Años después irían cambiando los nombres: sería Cementerio del Oeste hasta 1949, cuando se oficializó el nombre que al que coloquialmente se referían los ciudadanos para hacer mención de él: Cementerio de la Chacarita.

Situado en Guzmán y Elcano, posee 95 hectáreas. Además de las avenidas mencionadas, su contorno lo conforman Jorge Newbery, las vías del Ferrocarril San Martín, Garmendia y Del Campo, donde bordea el barrio de Paternal.

La fachada del cementerio es una de sus joyas arquitectónicas. Posee una influencia totalmente griega, la cual se visibiliza en sus abundantes columnas robustas, fuste con surcos pronunciados y terminación puntiaguda; los capiteles sobrios sin decoración y sin basamento alguno en el extremo inferior. La presencia de las figuras de Dios, los ángeles y el Arcángel Gabriel le dan el ineludible vínculo religioso, pese a tratarse de un cementerio civil.

La presencia artística no se agota allí, ya que en la entrada tiene una hermosa alegoría del Juicio Final. Y adentro se puede encontrar una excelente reproducción de La Piedad de Miguel Ángel.

Aníbal Troilo, Adolfo Pedernera, Benito Quinquela Martín, Luis Sandrini, Norberto Napolitano (Pappo) y Alfredo Alcón son algunas de las personalidades más relevantes en ser enterradas allí. El propio Juan Domingo Perón lo estuvo también, hasta ser llevado a San Vicente, pero a diferencia del “ilustre” Recoleta, el cementerio de Chacarita es más reconocido por ser la última morada de la ciudadanía alejada de la fama.

No obstante, Carlos Gardel tiene un espacio para el homenaje en este predio porteño. Dentro del mismo, hay una estatua del célebre cantor sonriendo, vestido de traje, que tiene la mano izquierda dentro del bolsillo del pantalón y la mano derecha doblada a la altura del abdomen. La tradición indica que en ella, los visitantes colocan cigarrillos encendidos