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Hipódromo de Palermo, el cumpleaños de un emblema del turf latinoamericano

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Ubicado en el corazón de la Ciudad de Buenos Aires, bordeado por las vías del Ferrocarril Mitre, la avenida Libertador y Dorrego, el Hipódromo de Palermo es uno de los emblemas de la zona verde porteña. Este edificio, reconocido por igual por su arquitectura, y como referente del juego y el turf en la región latinoamericana, está de festejo. Este 7 de mayo cumple 145 años.

El hipódromo se encuentra en un predio de 60 hectáreas que se ubicó entre el Parque Tres de Febrero y las tierras de Juan Manuel de Rosas. La enorme popularidad del turf en tiempos en que el fútbol estaba lejos de venir a estas tierras hizo necesaria su construcción. A su presentación, por caso, asistieron diez mil personas, una cifra impresionante para la época.

El tranvía, medio de locomoción clásico de entonces, debió incorporar la estación “hipódromo” para las multitudes que descendían del mismo a ver las carreras. Principalmente, personas de la élite: ese área porteña próxima a la hoy avenida Libertador fue en todo momento reservada para ellos.

El éxito del turf fue notorio, y el 1883, el recientemente inaugurado Jockey Club se hizo cargo de la administración del lugar, reforzando el perfil elitista, que se notaba con el elevadísimo costo de las entradas, que dejaba afuera de las mismas a los sectores populares. Hacia finales de siglo, se desarrollaría por primera vez el Gran Premio Nacional, un evento de enorme envergadura, al punto que contó con la presencia del presidente de la nación, Julio A. Roca.

Para 1908, llegarían las mayores reformas estructurales, ampliando la capacidad de las tribunas Paddock, Oficial, Especial y Nueva, permitiendo una concurrencia de más de 8000 personas. El Siglo XX quedó luego marcado por los grandes representantes del turf nacional, que compitieron en Palermo.

El 21 de mayo de 1953, el Estado expropió el hipódromo y lo cedió a Lotería Nacional y Casinos. Después de varias idas y vueltas y avances (las carreras nocturnas, la televisación de las mismas), el menemismo privatizó la administración del lugar, y nació Hipódromo Argentino de Palermo, sociedad anónima, que tiene la concesión desde 1992.

Fue en este último período que el Hipódromo sumó, a lo vinculado a la actividad ecuestre, máquinas tragamonedas (slots), que rápidamente se convirtieron en una de las más modernas y grandes de la región. Para la arquitectura, el edificio que mira, a través de la avenida Libertador, a su vecino Campo de Polo, es considerado Patrimonio arquitectónico de la Ciudad de Buenos Aires.