Intentó robar un Rolex en Monserrat y terminó preso
Apenas amanecía en Monserrat cuando la postal volvió a repetirse: un turista extranjero, un reloj de lujo y la irrupción fugaz de un motochorro que apostó, una vez más, a la rapidez y al anonimato del escape. Esta vez, sin embargo, la secuencia tuvo un desenlace distinto.
La Policía de la Ciudad detuvo a un delincuente de 26 años con un frondoso prontuario, acusado de intentar robarle un reloj Rolex a un ciudadano italiano en pleno casco histórico porteño.
Según reconstruí a partir de fuentes policiales, el episodio ocurrió en la intersección de Balcarce y Alsina, una zona de alto tránsito turístico por su cercanía con edificios históricos, bares tradicionales y circuitos culturales.
Allí, el imputado se desplazaba a bordo de una motocicleta cuando identificó a su objetivo: un visitante europeo que caminaba por el barrio.
El intento fue directo y violento, pero fallido. Al no lograr concretar el arrebato del reloj, el sospechoso aceleró y se dio a la fuga entre el tránsito matinal.
El alerta se activó de inmediato. Personal del Departamento Motorizada y efectivos de la Comisaría Vecinal 1D desplegaron un rastrillaje coordinado por la zona sur del microcentro.
La búsqueda culminó minutos después, en inmediaciones de la avenida Belgrano y Paseo Colón, donde el sospechoso fue finalmente interceptado y reducido sin que se registraran heridos.
La escena, habitual para las fuerzas de seguridad, volvió a poner bajo la lupa una modalidad delictiva que persiste pese a los operativos y refuerzos.
Al identificar al detenido, los sistemas judiciales confirmaron lo que en el ámbito policial ya resultaba conocido. El joven acumulaba 17 antecedentes penales en total.
Once de ellos corresponden a hechos cometidos en la Ciudad de Buenos Aires entre 2017 y 2024, vinculados a robos, tentativas de robo y arrebatos, muchos bajo la modalidad motochorro y en situaciones de flagrancia.
Seis registros adicionales figuran en el sistema SIFCOP, con procesamientos que incluyeron prisiones preventivas, suspensiones de juicio a prueba y condenas firmes dictadas por distintos juzgados y tribunales nacionales.
Este punto resulta central para entender el trasfondo del caso. No se trata de un hecho aislado ni de un delincuente ocasional, sino de alguien que reincidió de manera sistemática durante al menos siete años.
Las cifras oficiales muestran que una proporción significativa de los delitos callejeros violentos en la Ciudad involucra a reincidentes, lo que reabre el debate sobre la efectividad de las condenas, los mecanismos de control y las políticas de reinserción.
La modalidad motochorro, en particular, continúa siendo una de las más temidas por vecinos y turistas. Su eficacia radica en la sorpresa, la movilidad y la dificultad inicial para identificar a los autores.
Relojes de alta gama, teléfonos celulares y bolsos suelen ser los principales blancos. En zonas turísticas, además, el impacto del delito trasciende a la víctima directa: daña la percepción de seguridad y golpea a una actividad clave para la economía porteña.
Desde la fuerza señalaron que el rápido accionar policial fue determinante para evitar la fuga y concretar la detención. El uso de patrullas motorizadas, el monitoreo territorial y la comunicación entre dependencias aparecen como herramientas clave frente a este tipo de delitos.
No obstante, puertas adentro se reconoce que la reiteración de casos protagonizados por los mismos nombres expone límites que exceden al trabajo policial y se adentran en el terreno judicial y penitenciario.
El turista italiano, en tanto, resultó ileso y pudo continuar su estadía sin lesiones físicas, aunque con el lógico impacto emocional que genera una situación de este tipo.
No es un dato menor: en muchos casos, las víctimas optan por no denunciar, ya sea por barreras idiomáticas, desconocimiento del sistema o la idea de que el trámite no tendrá consecuencias. En este caso, la rápida intervención evitó que el hecho quedara impune.
El detenido quedó a disposición de la Justicia, que deberá definir su situación procesal en las próximas horas.
Con antecedentes que incluyen condenas firmes y medidas alternativas al juicio, el expediente vuelve a plantear interrogantes incómodos: ¿qué falla cuando alguien con este historial sigue en la calle?, ¿cómo se equilibran garantías, penas y prevención?, ¿qué margen real existe para cortar el ciclo de reincidencia?
Como cronista, observo que cada caso de este tipo condensa tensiones más amplias. La demanda social por seguridad, la presión sobre el sistema judicial y el desafío de proteger tanto a vecinos como a visitantes conviven en un escenario complejo. La detención es una respuesta inmediata y necesaria, pero no alcanza por sí sola para cerrar el problema.
El episodio de Monserrat deja, una vez más, una certeza y varias preguntas abiertas. La certeza es que el delito no es una abstracción: ocurre en la calle, tiene víctimas concretas y protagonistas conocidos.
Las preguntas remiten a lo que sigue después de la detención, a las decisiones judiciales y a las políticas públicas que deberían evitar que la misma historia se repita, una y otra vez, en las mismas esquinas de la ciudad.
