La Ciudad se prepara para cuatro fines de semana de carnaval
El Carnaval Porteño vuelve a tomar las calles con una fuerza que no pasa desapercibida: la edición 158ª arranca con la promesa de miles de vecinos movilizados por una tradición que combina historia, identidad barrial y celebración popular.
Desde el sábado 7 de febrero, la Ciudad se transforma en un escenario a cielo abierto donde el ritmo del bombo, el brillo de los trajes y la energía de las murgas marcan el pulso cultural de Buenos Aires.
El carnaval es memoria viva de los barrios, es la voz de generaciones que encontraron en la murga una forma de expresión colectiva, destacan desde la organización del evento, que este año apuesta a ampliar la participación y sostener el carácter popular que distingue a esta fiesta desde hace más de un siglo y medio.
En esta cobertura puedo afirmar que el Carnaval Porteño vuelve a posicionarse como uno de los eventos culturales más convocantes del calendario urbano.
En su edición número 158, el festejo no solo mantiene su esencia histórica, sino que refuerza su presencia territorial con corsos distribuidos en distintos puntos de la Ciudad, permitiendo que cada barrio viva la fiesta con su propia impronta.
El cronograma oficial establece que las actividades comenzarán el sábado 7 de febrero con espectáculos murgueros que incluirán música en vivo, coreografías tradicionales, propuestas gastronómicas y la ya clásica fiesta de espuma, uno de los sellos más esperados por el público familiar.
La programación se extenderá durante cuatro fines de semana consecutivos, consolidando un formato que busca garantizar acceso masivo y descentralizado.
Los horarios también reflejan el perfil nocturno y festivo del carnaval: los sábados las actividades se desarrollarán entre las 18 y la 1 de la madrugada, mientras que los domingos el cierre será a las 24.
El cronograma especial contempla además actividad el lunes 16 de 18 a 1 y el martes 17 de 18 a 24, fechas clave dentro del calendario carnavalero.
Uno de los puntos más destacados será el desfile central programado para el domingo 15 y lunes 16 de febrero en el Autódromo Oscar y Juan Gálvez, un espacio que en los últimos años se consolidó como sede de eventos masivos por su capacidad y logística.
Allí se espera la participación de decenas de agrupaciones murgueras, con puestas escénicas que combinan tradición, crítica social, humor político y despliegue coreográfico.
El carnaval porteño tiene raíces profundas en la cultura rioplatense. Históricamente, las murgas funcionaron como espacios de contención social, especialmente en contextos económicos adversos.
Distintos estudios culturales estiman que la actividad murguera moviliza a miles de artistas amateurs y profesionales cada temporada, generando además un impacto económico indirecto en rubros como gastronomía, textil, sonido y transporte.
Otro factor relevante es el rol comunitario. Cada murga suele representar a un barrio específico, lo que refuerza el sentido de pertenencia.
No se trata solo de un espectáculo, sino de un fenómeno social donde participan familias enteras, desde quienes cosen los trajes hasta quienes integran las baterías o los cuerpos de baile.
En los últimos años, además, se registró un crecimiento en la participación de jóvenes, lo que garantiza la continuidad generacional del movimiento murguero.
Talleres culturales, espacios comunitarios y organizaciones sociales vienen impulsando la formación artística desde edades tempranas, consolidando al carnaval como un espacio educativo informal.
La dimensión turística tampoco pasa desapercibida. Cada temporada, visitantes del interior del país y del exterior se acercan a los corsos porteños atraídos por la autenticidad de la propuesta.
A diferencia de otros carnavales latinoamericanos más orientados al espectáculo comercial, el carnaval porteño mantiene un fuerte anclaje comunitario.
También aparece el componente identitario. El redoblante murguero, los cantos corales y las letras que mezclan humor y crítica social forman parte del ADN cultural de Buenos Aires.
El carnaval, en ese sentido, funciona como un espejo social que refleja preocupaciones, alegrías y debates de cada época.
La edición 158 del Carnaval Porteño se perfila como una celebración que combina historia, cultura popular y encuentro social.
Durante el mes de febrero, la Ciudad volverá a latir al ritmo de las murgas, reafirmando una tradición que sigue vigente y en constante transformación.
