Menos heridos y menos infractores en una Navidad con mayor prevención en la Ciudad
La Nochebuena y la Navidad dejaron un dato contundente en la Ciudad: con más de 5.300 controles de alcoholemia realizados hasta las 7 de la mañana, la tasa de positividad cayó al 0,47%, la mitad que el año pasado, en una señal clara de que los operativos de prevención y el endurecimiento de las sanciones empiezan a dar resultados concretos en la calle.
Cada control es una oportunidad para evitar una tragedia, repiten desde los equipos de tránsito, y los números de este fin de semana largo refuerzan esa idea: menos conductores alcoholizados, menos infracciones graves y una presencia sostenida del Estado en puntos estratégicos de las 15 comunas.
Durante la Nochebuena y la Navidad, la Ciudad desplegó más de 30 puestos de control de alcoholemia en arterias clave y accesos de alto flujo. Hasta las 7 de la mañana se realizaron 5.394 testeos, de los cuales solo 30 dieron resultado positivo.
A esos conductores se les retuvo la licencia de conducir en el acto. La comparación con el año pasado es elocuente: en 2024 se habían efectuado 5.399 controles, con una tasa de positividad del 0,83%. En esta oportunidad, con una cantidad prácticamente idéntica de testeos, el porcentaje cayó a casi la mitad.
No se trata de un dato aislado. En la Ciudad, uno de cada cinco siniestros viales fatales está vinculado al consumo de alcohol, una estadística que explica por qué los operativos se refuerzan especialmente en fechas sensibles como las Fiestas, cuando se combinan celebraciones, reuniones familiares y mayor circulación nocturna.
A lo largo de todo el año, el sistema de control se mantuvo activo en las 15 comunas: ya se realizaron más de 470.000 controles de alcoholemia, con una tasa de positividad promedio del 0,97%, y se retuvieron 4.300 licencias de conducir en el marco de una política integral de seguridad vial.
Los límites vigentes son claros y diferenciados según el tipo de conductor. Para autos particulares, el máximo permitido es de 0,5 gramos de alcohol por litro de sangre; para motociclistas, 0,2 g/l; para el acompañante de una moto, 0,5 g/l; y tolerancia cero para conductores principiantes y profesionales.
Aun así, durante los controles festivos se detectaron casos de alto riesgo: 11 conductores presentaron dosajes superiores a 1 g/l, mientras que otros 19 registraron valores entre 0,5 y 0,99 g/l. El pico más alto fue de 1,74 g/l, un nivel que multiplica las probabilidades de provocar un siniestro grave.
Las sanciones, en estos casos, son severas y progresivas. Quienes superan los 0,5 g/l y llegan hasta 1 g/l enfrentan multas que van desde los $119.776,50 hasta los $798.510, además de la inhabilitación de la licencia por un período de dos a cuatro meses.
En la primera infracción, la aprobación de un curso de educación vial puede reducir ese plazo a la mitad, aunque se mantiene el acarreo del vehículo y la retención inmediata del registro.
Para dosajes superiores a 1 g/l, la multa oscila entre $239.553 y $1.597.020, con la posibilidad de arresto de uno a diez días y una inhabilitación que puede extenderse de cuatro meses a dos años, sin opción de dejarla en suspenso.
Negarse a realizar el control implica, además, una multa directa de $798.510 y la remisión del vehículo.
Parte de estos operativos se llevaron adelante con la metodología conocida como “embudo”, que obliga a reducir la velocidad de circulación, aumenta la visibilidad del control y mejora la seguridad del personal.
Este esquema no es casual: se trata de un estándar recomendado por la Organización Mundial de la Salud para reducir riesgos y reforzar la percepción de fiscalización efectiva. A esto se suma una premisa clave: en ningún caso está permitido ceder el volante a otra persona.
Cada conductor que excede los límites debe presentarse ante la Dirección General de Administración de Infracciones o la Justicia contravencional y cumplir, además del pago de la multa, con un taller obligatorio de educación vial de ocho horas.
El balance de las Fiestas incluyó también el capítulo sanitario. En la Ciudad rige la prohibición del uso de pirotecnia de efecto audible, una medida impulsada para proteger a las personas, a los animales y al ambiente, y que responde a un reclamo sostenido de los vecinos.
Aun así, entre la noche del 24 y la mañana del 25 se registraron 18 personas atendidas en hospitales porteños por incidentes vinculados a los festejos.
El Hospital Oftalmológico Santa Lucía recibió a siete pacientes: seis fueron atendidos de manera ambulatoria y uno debió ser intervenido quirúrgicamente por lesiones menores.
En el Hospital Oftalmológico Lagleyze se atendieron diez personas, todas con cuadros ambulatorios por lesiones relacionadas con pirotecnia.
El Hospital de Quemados, por su parte, asistió a una menor de edad con heridas leves. Si bien no se registraron casos de gravedad extrema, los números vuelven a poner en agenda la necesidad de sostener y reforzar las medidas de prevención.
El cierre de las Fiestas deja una lectura clara: cuando los controles se sostienen, las sanciones son efectivas y la prevención se vuelve visible, los resultados aparecen.
Menos alcohol al volante, menos heridos y una convivencia más segura no son producto del azar, sino de una política pública que, con datos en la mano, empieza a mostrar impacto real en la vida cotidiana de la Ciudad.
