El cine argentino pisa fuerte en el Festival Internacional de Cine de San Sebastián

El cine argentino pisa fuerte en el Festival Internacional de Cine de San Sebastián

La producción argentina pisa fuerte en la 74ª edición del Festival Internacional de Cine de San Sebastián, que se desarrolla del 18 al 26 de septiembre, con una presencia que atraviesa distintas secciones y reúne a directores, actores y productores de amplia trayectoria.

Desde las tablas del Complejo Teatral de Buenos Aires hasta la competencia oficial, el cine nacional vuelve a ocupar un lugar destacado en uno de los encuentros cinematográficos más importantes del calendario internacional.

Uno de los focos estará puesto en Cyrano en mi cabeza, de Maxi Gutiérrez, que se presenta este martes 22 en los Cines Trueba.

La película tiene como protagonista a Gabriel Goity y parte de una experiencia profundamente ligada a su historia personal: la interpretación de Cyrano de Bergerac, un personaje que despertó su vocación teatral cuando tenía apenas 16 años.

El filme sigue el proceso de preparación y transformación que atraviesa el actor mientras intenta apropiarse de uno de los grandes personajes de la literatura y el teatro.

La producción, impulsada por la BA Film Commission y el Complejo Teatral de Buenos Aires, no se limita a registrar una obra sobre el escenario.

La cámara se mete en el proceso creativo y observa qué ocurre detrás de una interpretación que, para Goity, tiene un componente especialmente íntimo.

El desafío de encarnar a Cyrano aparece entonces como una oportunidad para revisar sus propios miedos, sus límites y la relación que mantiene con el oficio.

El recorrido argentino en San Sebastián continuará el miércoles 23 con La verdadera historia de Ricardo III. La película, dirigida por Marcelo Piñeyro.

La propuesta también surge del vínculo entre el cine y el teatro y cuenta con la participación del director de escena Calixto Bieito, una figura de fuerte reconocimiento internacional.

Piñeyro utiliza el lenguaje cinematográfico para acercarse a una puesta teatral y encontrar allí imágenes, gestos y detalles que desde una platea pueden pasar inadvertidos.

La película ya tuvo recorrido en otros festivales, entre ellos Málaga y el BAFICI, y llega ahora a San Sebastián para profundizar ese diálogo entre dos disciplinas que, aunque comparten actores, historias y recursos expresivos, construyen experiencias muy diferentes para el espectador.

En este caso, la cámara no funciona únicamente como registro: se convierte en una herramienta para reinterpretar la puesta y generar una mirada cinematográfica propia.

La presencia argentina también se extiende a la competencia oficial, donde participa Glaxo, de Benjamín Naishtat. El largometraje cuenta con un elenco integrado por Lali Espósito, Marcelo Subiotto, Esteban Bigliardi y Esteban Lamothe, y representa otra de las apuestas nacionales dentro de la programación principal del festival.

A esa competencia se suma Mis muertos tristes, una producción que llega al formato de largometraje a partir de una versión reducida de la miniserie de Netflix basada en cuentos de Mariana Enríquez.

El paso de una producción concebida para episodios hacia una estructura cinematográfica supone un nuevo trabajo de montaje y adaptación, con el objetivo de trasladar al cine una narrativa marcada por la tensión, lo cotidiano y los elementos inquietantes que atraviesan la literatura de la escritora argentina.

La representación nacional se completa con otras tres producciones que participan de la sección dedicada al cine latinoamericano.

Allí aparecen Viajes y placeres, de Mariano Luque, protagonizada por Marcelo Subiotto; La ilusión de un verano sin fin, de Alessandra Sanguinetti; y El tren fluvial, dirigida por Lorenzo Ferro y Lucas A. Vignale, una película que también tuvo una participación destacada en el BAFICI.

El caso de Subiotto tiene además un antecedente reciente en San Sebastián. El actor obtuvo en 2023 el premio a mejor interpretación masculina, por lo que su regreso al festival adquiere un significado especial dentro de la representación argentina de esta edición.

Esta vez vuelve como protagonista de una película que forma parte de la mirada latinoamericana que propone el certamen.

Pero si hay un nombre argentino que ocupa un lugar central en esta edición es el de Ricardo Darín. El actor protagoniza el cartel del festival y llegará a San Sebastián para presentar Lo dejamos acá, dirigida por Hernán Goldfrid. La película tendrá allí su premier mundial y forma parte del programa Otras Actividades.

Darín comparte protagonismo con Diego Peretti en esta producción argentina de Netflix correspondiente a 2026. La película tendrá posteriormente su llegada a la plataforma, prevista para el 16 de octubre, ampliando así el recorrido de una obra que primero tendrá su presentación internacional en uno de los festivales de mayor tradición de Europa.

La presencia argentina no se agota en las películas. También habrá representantes nacionales en distintos espacios vinculados con la programación y la evaluación de las obras. Nahuel Pérez Biscayart participará como protagonista de Narciso, película del director paraguayo Marcelo Martinessi.

Por su parte, María Alché y Benjamín Naishtat estarán presentes con Pedro en el país dentro de la sección Zabaltegi.

A ellos se suma Albertina Carri, quien presentará fuera de competencia su performance Cine vivo: un artefacto, una propuesta que vuelve a ampliar las fronteras entre las distintas formas de expresión audiovisual y artística.

La participación de Carri incorpora así una dimensión experimental dentro de la nutrida presencia argentina en el festival.

También habrá participación nacional en los jurados. El productor Juan Pablo Miller presidirá el jurado de Nuevos Directores, mientras que Agustina Llambí Campbell estará al frente del jurado de Horizontes Latinos.

De esta manera, la representación argentina no queda limitada a la exhibición de películas, sino que también alcanza espacios de decisión y reconocimiento dentro del propio certamen.

Desde mi mirada, lo más significativo de esta edición es justamente la diversidad de la presencia argentina. No se trata únicamente de una película o de una figura reconocida: hay teatro transformado en cine, producciones que compiten oficialmente, adaptaciones, propuestas latinoamericanas, experimentación y participación institucional.

San Sebastián funciona, en este sentido, como una nueva vidriera para mostrar la amplitud de una cinematografía que continúa buscando nuevos caminos sin abandonar sus vínculos con la tradición teatral y cultural.

Con Ricardo Darín como una de las grandes figuras de esta edición y con una importante representación detrás y delante de cámara, el cine argentino vuelve a ocupar un espacio relevante en San Sebastián.

Entre estrenos, competencias y cruces entre disciplinas, la presencia nacional deja claro que la producción argentina mantiene una activa participación en el circuito cinematográfico internacional.

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