Parque Chacabuco suma una nueva postal nocturna
Durante décadas, el Santuario de Nuestra Señora de la Medalla Milagrosa fue una de esas construcciones que no necesitan presentación para los vecinos de Parque Chacabuco.
Sus torres, su cúpula y, especialmente, sus casi 150 vitrales lo convirtieron en uno de los templos más reconocibles de Buenos Aires. Sin embargo, cuando caía la noche, buena parte de esa riqueza arquitectónica quedaba relegada a las sombras.
Ahora, por primera vez, la fachada del histórico santuario cuenta con una iluminación especialmente diseñada para destacar su arquitectura y convertirlo en un nuevo punto de referencia del paisaje nocturno porteño.
La intervención no se limita a iluminar un edificio: busca recuperar su presencia en el barrio cuando desaparece la luz natural.
Con 31 proyectores de luz cálida y dos columnas de iluminación ubicadas estratégicamente, el templo comienza a adquirir otra dimensión durante la noche.
La propuesta forma parte de un plan más amplio del Gobierno de la Ciudad que contempla la iluminación de 85 fachadas y monumentos históricos distribuidos en los 48 barrios porteños.
La primera impresión al observar el santuario iluminado es que muchos de sus detalles arquitectónicos adquieren un protagonismo que durante el día puede pasar inadvertido.
La intervención fue pensada para remarcar las líneas de la construcción, sus torres con campanarios, los distintos volúmenes de la fachada y la enorme cúpula que se eleva más de 40 metros sobre el nivel de la calle.
Los proyectores fueron colocados desde dos sectores diferentes. Una parte apunta hacia el frente ubicado sobre la avenida Curapaligüe, mientras que otra permite destacar el lateral del templo desde la avenida Asamblea.
De esta manera, la iluminación no queda concentrada en un único punto, sino que permite apreciar el conjunto arquitectónico desde distintos sectores del entorno.
El santuario tiene casi 85 años de historia y su construcción está estrechamente vinculada con la identidad de Parque Chacabuco. La piedra fundamental fue colocada en 1930, aunque el proyecto demandó varios años hasta quedar definitivamente terminado.
La iniciativa fue impulsada por las Hijas de la Caridad y contó con el fuerte respaldo económico de Adelia Harilaos de Olmos, quien destinó una parte importante de su fortuna a la construcción y participó personalmente en numerosas decisiones relacionadas con el templo.
El proyecto arquitectónico quedó en manos de Carlos Massa, un profesional que tuvo una destacada participación en la construcción de numerosos templos porteños.
El resultado fue una iglesia de estilo neorrománico, con tres naves, dos grandes torres en su fachada y una cúpula hexagonal de 40,70 metros de altura.
En la parte superior se encuentra una escultura de la Virgen de más de cinco metros, realizada por el escultor Santiago Chierico. El conjunto se completa con cuatro torres menores que rodean la cúpula y un campanario carrillón compuesto por seis campanas y cuatro relojes.
Pero si existe un elemento que distingue especialmente a este santuario, son sus vitrales. En su interior se reúnen cerca de 150 piezas, una cantidad que lo convierte en la iglesia porteña con mayor número de vitrales.
Durante el día, la luz natural atraviesa los vidrios y genera uno de los rasgos visuales más particulares del templo.
Las obras representan, en su mayoría, escenas relacionadas con santos de la Familia Vicentina y episodios vinculados con la historia de la Medalla Milagrosa.
Los vitrales fueron realizados por Antonio Estruch, artista catalán que desarrolló buena parte de su trayectoria en la Argentina y que instaló su propio taller de arte en vidrio en Buenos Aires.
El trabajo realizado para este santuario fue una de sus obras más importantes en la Ciudad. Su producción también dejó una huella en otros edificios porteños, entre ellos la tradicional confitería Las Violetas, donde todavía pueden apreciarse sus trabajos.
La historia del templo también está ligada a una fecha que este año adquiere una importancia especial. El 22 de noviembre de 1941 se produjo finalmente la inauguración del santuario, por lo que en 2026 se cumplen 85 años de aquel acontecimiento.
El aniversario coincide además con el período de mayor movimiento para la comunidad religiosa, especialmente durante noviembre, cuando la devoción por la Medalla Milagrosa convoca a numerosos fieles.
La nueva iluminación llega, además, como parte de una iniciativa de mayor alcance. El proyecto porteño contempla 85 edificios y monumentos históricos y tiene dos grandes áreas de intervención.
Por un lado, se concentra en sectores del casco histórico y el eje cívico, donde la iluminación busca generar corredores visuales sobre espacios emblemáticos.
Por otro, se extiende hacia los distintos barrios para incorporar edificios y estructuras que forman parte de la identidad de cada zona.
La propuesta incluye construcciones históricas de enorme reconocimiento, como el Cabildo y la Catedral Metropolitana, además de monumentos, edificios universitarios, iglesias y otras piezas relevantes del patrimonio porteño.
También contempla la modernización de sistemas de iluminación que ya existían, reemplazándolos por soluciones más eficientes y orientadas a mejorar la calidad de la luz.
Entre los edificios incluidos aparecen lugares con un fuerte peso histórico y cultural para la Ciudad, como la Facultad de Derecho, la Facultad de Ciencias Económicas y la Facultad de Ingeniería de la UBA, el edificio La Inmobiliaria, Gath & Chaves, el Palacio Vera y el Monumento a la Plaza de los Dos Congresos.
También fueron incorporadas iglesias especialmente vinculadas con la historia porteña reciente. Entre ellas aparecen la Basílica María Auxiliadora y San Carlos y la Basílica de San José de Flores, dos templos relacionados con distintos momentos de la vida del papa Francisco.
En el caso de Parque Chacabuco, la iluminación del Santuario de la Medalla Milagrosa representa algo más que una intervención estética.
La decisión permite recuperar durante la noche la presencia de una construcción que durante décadas formó parte del paisaje cotidiano del barrio, pero cuya riqueza arquitectónica quedaba parcialmente oculta después del atardecer.
Con sus torres iluminadas, su enorme cúpula y la silueta de la Virgen recortándose sobre el cielo porteño, el santuario suma desde ahora una nueva postal nocturna a Parque Chacabuco.
A 85 años de su inauguración, uno de los templos más singulares de Buenos Aires vuelve a ocupar un lugar destacado en el paisaje de la Ciudad, esta vez también cuando cae la noche.
